Vivimos en una sociedad experta que conjugar “Yo Soy“.  Estamos especializados en la primera persona del singular. Tenemos esa maestría avalada por las universidades existenciales.  Defendemos a capa y espada nuestro ego: “Yo, mí, mío”. El egocentrismo se plasma en esta sociedad en forma de selfies, se refleja según salimos a la calle.

No digo que tener una identidad social sea siempre malo. Yo soy psicólogo, español; tengo una identidad social. Quizá tú seas ingeniera o abogado y hayas nacido en Ecuador o México. No hay nada malo, pero fíjate que tenemos una encrucijada personal, unos grilletes emocionales. Esta cárcel habla de la sobre identificación con nuestro Yo, con nuestra identidad social. Una sociedad impuesta por nuestros roles sociales y auto-exigencia por ser perfectos.

Con esa auto-exigencia para ser mejor, parece que nos tenemos que sentir mejor que la otra persona para vernos bien. Si es así, entonces, ¿hasta qué punto voy a verte realmente? ¿hasta qué punto voy a verme con honestidad?

Tratamos de justificar nuestro Ego en base de criticar al otro. Por eso, a veces, proyectamos en los demás nuestros defectos y limitaciones con tal de reforzar nuestra identidad social.

Sin embargo, la sociedad actual adolece de un castigo: No nos enseñaron a tratarnos con amabilidad

Esa es la trampa del Ego. Es como si tuviéramos a alguien vigilándonos y diciéndonos: más más, no lo has hecho lo suficientemente bien. No nos mostraron el camino de la amabilidad y compasión hacia uno mismo. Vivimos en una ajetreada vida que no nos permite darnos amor y cariño, lo rechazamos porque incluso a veces no creemos ser merecedores de ello.

¿Cómo se forja esa auto-exigencia?

Esta sociedad juega a sumas a no cero, esto es, de que yo gane implica necesariamente que tú tienes que perder. Como en un partido de fútbol, si juega el Real Madrid contra el F.C. Barcelona, que gane uno implica necesariamente que el otro pierda. Así lo hemos extrapolado en nuestra vida, en donde la competitividad es el tatuaje del siglo XXI. Que me vaya a mí bien implica que al otro le tiene que ir mal. Esto alimenta al Ego, y nos aleja de la cooperación entre tod@s. Esta sociedad competitiva genera estados de ansiedad que nos aleja de nosotros mismos. Por tanto, nos enseñaron a competir, en vez de a cooperar.

Esto lo veo reflejado en algunos casos de mi consulta, personas que vienen exigiendo mayor perfección, cuando quizá sea ese el principal motivo a resolver. ¿Queremos estar siempre por encima de la media? ¿contra quién competimos, contra nosotros mismos? Puede ser.

A veces, para vernos de una forma que nos agrade, tratamos de inflar un ego e infravalorar al resto, de manera que salimos impunes o ganadores de esa batalla hacia el otro. Pero que no se nos olvide una premisa fundamental: esta estrategia de comparación, diferenciación y éxito o fracaso tiene un alto precio que tod@s pagamos: nuestra libertad. Perdemos nuestra capacidad de desarrollar nuestros valores, es decir, en lo que creemos y hace cobrar sentido en nuestras vidas.

Es ahí donde entra el Mindfulness, que nos susurra un desapego sobre nuestra identidad, sobre nuestro Yo. Una desintetificación. Ya no nos identificamos con nuestro Ego, lo vemos más distante. No somos nuestra identidad social ni nuestra necesidad de tener razón. Somos mucho más que eso.

Esto nos ayuda a no posicionarnos constantemente en: “es culpa tuya, pero no mía”. Solo tenemos que hacer un listado mental, encender la TV o salir a la calle para ver situaciones potenciales de terminar en discusión. En ese juego de poder, vuelve a surgir la competitividad, en el que, aunque aparentemente alguien vaya a ganar, parece que al final todos perdemos.

¿Podemos dejar de competir a sumas no cero, y comenzar a cooperar? Yo creo que sí. De la mano forjamos nuestra identidad, porque me interesa estar bien y que tú estés bien, porque nos va a ir bien.

Así, dejamos de competir y dejamos e mostrar ego. Nos mostrarnos vulnerables y eso nos hace más humanos. Gritarnos nuestros defectos, e incluso ponernos ropa que conjunte con nuestras imperfecciones emocionales. Para eso está la moda, para reflejarnos que somos mucho más que nuestra necesidad de aprobación o de tener razón.

Así es, conocernos de forma real, de forma contemplativa, cara a cara, diciéndonos nuestras más hermosas verdades: que somos frágiles y vulnerables, y que no pasa nada por serlo.

💡 Hazlo tú mismo: hazte una serie de preguntas:

  • Trata de identificar si tienes una conversación verdadera, auténtica. ¿Estás tratando de comunicarte realmente o solo quieres tener razón?
  • ¿Eres tú o el ego el que habla? ¿estás tratando de mostrarte superior al resto?
  • Trata de visualizar tu identidad social (si eres de Madrid, Bogotá, Guayaquil), profesión (ingeniera, abogado, etc…) Que dice tu profesión sobre ti. ¿Cómo te identificas con ella?
  • ¿Te alegras de los éxitos del resto? ¿Te alegras de los fracasos del resto?

Recuerda que hablas contigo mismo, sé honesto; nadie más te escucha.

About the Author Airam Vadillo

📂Psicólogo en Acción Humanitaria. Ahora en Ramtha, frontera jordano-siria con Médicos Sin Fronteras. Soy alérgico a las mentiras, especialmente a las mías. • airam@uma.es 📍Mis opiniones son personales y no reflejan necesariamente la opinión de la organización en la que trabajo.

2 comentarios

  1. Todos los articulo son buenos, que digo buenos, son excelentes pero como todo en la vida solo es negocio. Dicen ayudarte pero solo ablan del problema no de la solocion, con qué fin??
    Solo lo dirán si te metes a sus conferencias en línea (claro bajo un pago)
    Cuando ayudarán en realidad a la gente?

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    1. Hola María, gracias por su comentario. Cuando se refiere a negocio, entiendo que hay una connotación negativa al respecto. Yo no vería mi trabajo como un negocio, sino como una forma de vida.
      Bajo mi humilde punto de vista, los profesionales en psicología somos unos privilegiados de nuestro trabajo, puesto que hacemos lo que amamos y encima recibimos una retribución tanto emocional (la satisfacción de ver como las personas producen un cambio positivo en su vida) como profesional (un honorario que hace “honor” a nuestro trabajo y dedicación).
      Un saludo 😉

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